Un mal onboarding no cuesta solo tiempo: cuesta personas, coherencia y calidad de servicio.
Cuando una incorporación empieza sin una integración clara, lo que suele ocurrir es previsible: errores que “no deberían pasar”, inseguridad en quien llega, sobrecarga en quien ya está, frustración silenciosa y, muchas veces, rotación temprana.
Y justo ahi, decimos: Es que… no encaja.
Puede ser, claro que sí, pero muchas veces, el problema no es la persona. Es que nunca tuvo un onboarding real.
Un buen onboarding no es explicar tareas el primer día, ni entregar un manual, ni tan siquiera enchufarte en un e-learning con cartel de «welcome». No, eso no es onboarding.
Acercarse a un buen onboarding supone alinear expectativas, dar contexto, marcar y mostrar estándares y acompañar hasta que la persona puede aportar con seguridad y autonomía.
Un onboarding bien diseñado no es un gesto de bienvenida, es una herramienta clave para sostener el servicio y la estabilidad del equipo.
Y tú? ¿tienes identificado y definido un proceso de onboarding… o confías en que la persona “se adapte”?
diciembre 18, 2025
El verdadero coste de un mal onboarding
